TECNOLOGÍA Y TDAH

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«¿LAS TECNOLOGÍAS PROVOCAN TDAH?»


El uso de las TICs ha adquirido un papel fundamental en el entorno en el que vivimos, llevándonos a considerar a las nuevas generaciones como “nativos tecnológicos”, ya que comienzan a convivir con las tecnologías desde el momento en el que nacen. 

Esta interrelación entre tecnologías y niños/as que se encuentran en pleno desarrollo cognitivo puede llevar a asociar el empleo de dichos recursos, en ocasiones excesivo o inadecuado, con “la aparición” de síntomas parecidos a los presentes en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), caracterizado por falta de atención, impulsividad, dificultad en la concentración, disminución de la paciencia y consiguiente falta de autocontrol como consecuencia del abuso de los recursos TICs.

Sin embargo, debemos desmentir la falsa creencia referida a que las TICs provocan o inducen al padecimiento de TDAH, ya que este trastorno es un déficit crónico e innato del neurodesarrollo, se nace con él y, por lo tanto, no se adquiere o desarrolla de manera evolutiva por factores como la interacción con el entorno. De ahí, la importancia de distinguir entre padecer este trastorno a poder mostrar síntomas similares a su diagnóstico.

Se puede llegar a tener esta creencia debido al aumento actual del porcentaje de prevalencia de TDAH entre los niños/as, lo cual no se debe al uso de las TICs, sino al aumento de pruebas diagnósticas que la investigación científica está proporcionando, dada la evolución del conocimiento respecto a esta alteración.

Debido a que los niños/as y adolescentes son los grupos más vulnerables a la mala utilización de los recursos tecnológicos, debemos de tener en cuenta la influencia que pueden tener en su desarrollo personal el empleo de las tecnologías y por ello, orientar y formar a los niños/as en una aplicación adecuada de estos recursos basada en la responsabilidad y la seguridad.

Algunas de las pautas que podemos tener en consideración desde el ámbito familiar para asegurarnos del uso consciente y sensato de las tecnologías entre los niños/as son: 

  • Evitar que se vayan a dormir acompañados de los dispositivos.
  • Aprovechar los tiempos de desayuno, comida y cena para entablar conversación, dejando los dispositivos lejos de la mesa.
  • Fomentar la realización de actividades culturales, deportivas o al aire libre.
  • Dar ejemplo en el uso de los dispositivos tecnológicos.
  • Acompañar a los mejores en su tiempo de uso de las TICs, no como vigilantes sino como participantes, para poder así regular el uso mientras se disfruta de un tiempo juntos.
  • Evitar mantener la televisión de fondo a modo de “ambientador”.

En cuanto a tiempo se refiere, la Academia Americana de Pediatría, estima que el tiempo delante de las pantallas recomendado para los niños son:

0– 2 años: nada de pantallas. 

2 – 5 años: entre media y una hora al día, con la supervisión de un adulto sobre el contenido

7 – 12 años: una hora con la supervisión de un adulto sobre el contenido.

Sin embargo, estos tiempos se pueden modular si se observa que su uso comienza a repercutir en el carácter e intereses del niño/a tales como: dejadez en los estudios, desinterés por actividades que antes le gustaban, mal humor e irritabilidad, dificultad para concentrarse o cuando el uso de los medios sea un punto de discordia familiar habitual.

Por otro lado, el uso pedagógico como metodología activa en el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumnado, y por tanto, su uso beneficioso y con responsabilidad, es un aspecto ventajoso a aprovechar desde el ámbito educativo.

 

Mar Uroz Carreño

Maestra en Educación Primaria y Adición y Lenguaje

Máster en Neuropsicología y Educación

 

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