ADOLESCENTES Y ALIMENTACIÓN

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«TRASTORNOS ALIMENTARIOS Y ADOLESCENCIA»


Paulatinamente, los trastornos alimentarios aumentan de manera significativa en la población adolescente, entendidos como pautas anormales de la conducta alimentaria y que suelen ir acompañados de alteraciones a nivel orgánico, cambios y deterioro cognitivo, variaciones de tipo psicosocial y conductas emocionales desadaptativas. Es, por tanto, muy importante entender que los trastornos alimentarios corresponden a una alteración psicológica que conlleva consecuencias en la conducta alimentaria y por ende transforma el comportamiento social, generando grandes cambios en quienes lo padecen.                           

Esta alteración, de difícil manejo, se une además a una etapa de gran susceptibilidad emocional, en la que los jóvenes empiezan a redescubrirse, en un intento por ajustarse y adaptarse a las normas sociales que pueden llegar a considerar como importantes para interactuar con sus iguales, es en esta época de la adolescencia en la que los jóvenes se evalúan de forma drástica para buscar agradar y encajar en su entorno. Las evaluaciones de su propia persona pueden convertirse en severas y desmedidas, puesto que los modelos sociales de belleza y popularidad estandarizan criterios muy exigentes.

No es sencillo detectar este trastorno ya que los adolescentes adquieren destreza a la hora de esconder indicios y características propias del trastorno, e incluso pueden no parecer signos de alarma, como podría ser la pérdida de peso, que en el ámbito familiar se puede valorar como positivo, reforzando inconscientemente la conducta sin prever el riesgo real que podría esconderse.

Es vital reconocer la importancia que las redes de apoyo pueden tener, principalmente la familia, ya que de ésta manera se inicia la prevención. Hablar de hábitos alimentarios saludables, analizar los mensajes que lanzan los medios de comunicación, fomentar el desarrollo de la autoestima y autoconcepto positivo… pueden disminuir la probabilidad de sufrir un trastorno alimentario o, si es el caso, identificarlo lo más tempranamente posible y solicitar ayuda profesional. 

El proceso de rehabilitación debe realizarse de forma integral, trabajando con un equipo interdisciplinar que permita la recuperación y restitución de la conducta alimentaria.

Eliana Graciela García Rincón
Psicóloga
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